family · mascotas

La historia de Venus

Hace casi ocho años que Venus entró a formar parte de mi vida. Todo empezó con una llamada a mi móvil del que era mi pareja un sábado, 4 de Noviembre:
– Hola, te llamo porque acabo de adquirir un bicho peludo a cuatro patas.
– ¡No es posible! Sabes que tenemos a Chico ya en casa – un gato que tenía ya seis meses, que compartía un piso de una habitación con nosotros.
– ¡Lo sé, pero es tan bonita!
En un principio, la idea no me hizo gracia, pero transigí. Total, pronto iríamos a vivir a una casa terrera con jardín detrás y podríamos estar todos más cómodos. Esa noche tuve una celebración y no tuve la oportunidad de ver al “bicho peludo a cuatro patas” hasta el día siguiente. Al verla, no pude sino encogerme de hombros y “enamorarme” de ella. Tenía las patas y las cejas color marrón y el resto era todo negro. Sus patas anchas daban que pensar en que podía terminar siendo algo parecido a una rottweiler… Nada más lejos de la realidad: todavía la gente apuesta que tiene mezcla de grifón con beagle y el pelaje de yorkshire.Su historia conmigo comenzó cuando alguien (algún irresponsable) dejó abandonada una caja de cartón con cachorritos en la puerta de un hotel en el sur de Tenerife. Una de ellas es el personaje de esta historia, la que tuvo más suerte que el resto, por lo que he oído decir… Todavía no me cabe en la cabeza cómo es que existan todavía personas que hagan esta crueldad y puedan vivir sin remordimiento de conciencia… pero esta no es la historia de ellos: es la historia de Venus, la cachorrita afortunada.

Desde ese momento, Venus se integró perfectamente en la rutina de la familia. Era gracioso ver cómo Chico, el gato, y ella se ponían a jugar. Recién llegada era del mismo tamaño que el gato: en algo más de un mes ya había superado ese tamaño y su color preferente pasó a ser marrón. Hacía un par de trastadas, pero en seguida aprendía que no estaba bien hecho. Ese mismo año, la perrita se tomó mi plato de lentejas de Fin de Año (plato tradicionalmente denominado de buena suerte para el año entrante): ¿Qué iba a hacer, si se lo puse a su altura? Además, había que celebrar la fortuna que tuvo de que alguien la acogiera en su casa… Desde chiquitita ha tenido un instinto defensor y ha protegido las casas donde ha estado con sus ladridos: todavía me acuerdo de la manera tan ruidosa con la que nos recibió un día en casa, cuando estábamos todavía mudándonos a una casa con jardín. No tenía ni tres meses y ya daban miedo sus ladridos…

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Venus tuvo que afrontar un momento decisivo en su vida: la llegada de una “cachorra humana” en su vida. Dejó de ser motivo de preguntas para dejar paso a esa nueva “intrusa”. Siempre ha sido muy respetuosa con ella, dado que sabía que todos nos íbamos a enfadar con ella si hacia algo malo a esa criatura.

Pronto cambió a un master por otro: mi pareja dejó de vivir en casa y yo tuve que afrontar el papel de líder. Poco a poco nos fuimos adaptando la una a la otra y aprendimos a convivir sin roces… En ese momento, a Venus se le daban los comandos en francés, aunque ahora es “bilingüe” y entiende en los dos idiomas. Se le enseñó a sentarse, acostarse y a dar la patita, a no subirse a los sillones para echarse una siesta… en fin, lo normal para un perro. Costó muchos trozos de queso adiestrarla, pero también paciencia, tiempo y cariño.

Una vez más, Venus tuvo que cambiar de casa y dejó atrás un cómodo jardín por una azotea grande, pero azotea al fin y al cabo. Fueron unos años un poco duros, donde su presencia se confinaba a la parte alta de la casa y a pocas salidas. Venus siempre ha aceptado los cambios con estoicismo. A ella le bastaba con saber que yo estaba allí y que, si salía, volvería a ese sitio.

En esos momentos, a Venus no le gustaba mucho que la mangonearan otras personas que no fuera yo. A veces se mostraba un tanto hostil con la pequeña, aunque no pasó más allá de un susto. Fueron un par de años duros, pero en los que me di cuenta que ella formaba ya parte de mi pequeña familia.

Poco a poco, pasó de ser un simple animal doméstico, con sus satisfacciones y sacrificios a ser un ser que te acompañaba aunque estuviera a tu lado durmiendo.
Ahora mi hija, Venus y yo estamos compartiendo un piso de dos habitaciones y un jardín mediano con mi actual pareja y, eventualmente, con sus dos hijos. La perrita ha sido el vínculo perfecto para que los tres niños se lleven bien y tengan algo en común: los tres la adoran y la miman.
No importa cuánto tiempo la tenga que dejar sola en casa (por trabajo o por viaje), Venus siempre me recibe con la cola agitando y con una mordida en la palma de mi mano mientras gime de alegría. Incluso tiene mucho cariño y saluda efusivamente al que le rescató de una muerte segura, su primer master. En el reino animal, de agradecidos está el mundo lleno…
Muchas veces, el motivo de nuestras salidas se basa en sacar a Venus de paseo. Es la solución perfecta para cuando no sabes dónde ir con los niños. No marea en los coches y es muy divertido verla cuando saca la cabeza por la ventana y sus orejas vuelan al viento. Cada día se hace más lista: descansa en los trayectos para que, cuando sale, tiene toda la energía para correr, saltar y… cazar.
Venus es una experta cazadora… de lagartos. Toda la población del lugar le teme cuando oye sus patas acercándose. No tiene problemas con las plantas y las piedras: ella con sus patas hace agujeros y con la cabeza mueve la vegetación hasta llegar a su presa. Una vez tuve que abrirle la boca con mis manos para liberar a un lagarto vivo que había cazado… Mi abuelo decía que era una cazadora nata por la forma de sus orejas: él sabría por qué.
Últimamente me ha sorprendido mucho porque he notado que, cuando me he sentido mal (un dolor de cabeza, un malestar…), ella se ha acercado sigilosa a hacerme compañía. Mi pareja le ha sorprendido más de una vez acostada a los pies de mi cama si estaba descansando de una migraña leve… Ahora mismo está acostada cerca de mí haciéndome compañía mientras escribo estas líneas…
No se saben los motivos, pero ha cogido manía a ciertas personas del edificio. Les oye salir o llegar y ya está ella atenta, vigilando su jardín. Muchos han intentado hacerse “amigos” suyos, pero no hay manera: no hay bocadillo de jamón que la soborne…
Es gracioso que sienta muchas veces que no es justo que ella nos tenga que esperar por fuera de tiendas o restaurantes. Ya incluso hasta mi pareja la considera parte la familia, aunque él no es persona amante de animales. Entendemos que, por razones de higiene y lógica, no se puede admitir a los animales en estos espacios, pero no podemos dejar que sentir que se hace una injusticia.
Por todo esto no entiendo por qué hay personas que compran un cachorrito de raza en Navidades o cumpleaños. Son la novedad y son queridos un tiempo. Luego resulta que son un engorro a la hora de irse de vacaciones y los abandonan en cualquier sitio. Estas vacaciones, mientras estábamos paseando con Venus por un barranco del monte de La Esperanza, encontramos los restos de un perro descompuesto. Si tuvo dueño, éste no tuvo el corazón ni el valor suficiente de ganarse el cariño y todas las satisfacciones que ofrece un animal de compañía.
También es cierto que se vedan muchos lugares al esparcimiento de los perros. Entiendo que hay muchos animales maleducados que no atienden a las razones de sus dueños. Por otra parte entiendo que los animales tienen sus instintos vivos… Si un perro está medianamente bien educado, no tiene por qué ser un problema si camina suelto al lado de su dueño (ayer Venus se cruzó con un corredor, al que no hizo ni caso, por ejemplo). Quizá habría que llamar la atención a aquellos dueños que dejan a sus animales sin atención alguna cuando están paseando, que no limpian cuando sus perros hacen sus cosas y recompensar con dejar pasear a los perros educados al lado de sus dueños, como los mejores amigos que dicen que son de los hombres.
(publicada inicialmente en tres partes: http://maritza-gonzalez.blogspot.com.es/2009/08/la-historia-de-venus-i.html entre agosto y septiembre de 2009)
Actualización:
Hace casi dos semanas que tuvimos que decirle adiós a este ángel en forma de perro. Fue la decisión más dura que tuve que tomar, aunque sé que fue la correcta. Eso sí, se fue después de haberle celebrado una fiesta en su honor donde vinieron personas que querían festejar su vida. Ya sus cenizas están en casa, tenemos un mechón de su pelo e hicimos impresiones de sus patas delanteras en arcilla. Siempre estará en nuestros corazones.

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