Trabajo

De presentismo, procrastinación y reunionitis

Reunionitis

En este post hablaré de mi propia experiencia laboral, que es de lo que conozco. En mi amplia carrera laboral he sufrido estos tres males, ya sea en carne propia o ajena. Me lo quiero tomar con cierto humor, aunque no es para nada broma.

Comencemos con el presentismo. A menos que tengas que atender al público, los horarios deberían ser flexibles: por el bien de todos y del rendimiento de la empresa. ¿De qué sirve tener a un empleado contratado por cuarenta horas semanales y haga cincuenta? Absolutamente de nada. Ya he hablado de las desventajas de este mal en otro post del Instituto Canario de Turismo. Como anécdota puedo contar que una vez estaba en una empresa donde se contabilizaban en qué se gastaban los minutos de trabajo. Cuando ya se conseguían las ocho horas reglamentarias, ya te podías ir a casa. Tuve una compañera que llevaba más tiempo que yo en la empresa y que me criticaba a las espaldas por irme a mi hora: ella se quedaba una hora más todos los días como media. Cuando se tuvo que hacer una reducción de personal, la despidieron a ella. Yo en un principio no entendía por qué ella y no yo. Mis jefes se sorprendieron de mi pregunta: “¿Todavía no sabes por qué? Pues porque tú venías a hacer tu trabajo y ella dedicaba algo más de una hora al día a hacer llamadas telefónicas privadas”. Ahí aprendí que estar no es siempre significa trabajar.

Procrastinación, una palabra tan difícil de decir que te apetece dejarlo para más tarde… 😉 Significa exactamente eso: dejar cosas por hacer para un luego indefinido. Es un mal que me cuesta erradicar personalmente… ¿A quién le apetece hacer algo que le resulta tedioso/molesto/incómodo o las tres cosas a la vez? ¡A nadie! Es un defecto que nos hace a todos más humanos. Eso sí, el sentimiento de culpa termina ganando y, de muy mala manera, terminas haciéndolo. Tengo que confesarlo: me cuesta mucho organizar una agenda de visitas. Es duro para el ego (aunque no sea nada personal) el hecho que rechacen la petición de una cita. Con el tiempo lo superas, pero sigues procrastinando cada vez que puedes. No te preocupes: no eres un extraterrestre.

He dejado como último la reunionitis adrede y no, no por querer procrastinar… Es que, de todos los males de las empresas, este es el que más insatisfacciones me ha dado en mi vida laboral. Que levante la mano quien no ha sufrido estar en una reunión donde, o no puede participar para aportar algo o lo que se está discutiendo no tiene nada que ver con el trabajo que estás haciendo o darte cuenta que no hay un guión previsto… o las tres cosas juntas. Todavía recuerdo una de la múltiples reuniones sin sentido que tuve en una empresa importante donde se hablaba del proyecto que estaba liderando (bueno, era la única persona en ese proyecto) y el resto discutió que lo mejor era darle hachazo a esta idea y sustituirla por otra. Al parecer, nadie se dio cuenta que mi puesto de trabajo se iba a ir con él y que yo estaba presente escuchando mi (no) futuro laboral en ese lugar. No se me dio oportunidad de expresar mi punto de vista, ni nada. Muchos dirán que, al menos, se discutió delante mío. Yo, sinceramente, no me sentí para nada agradecida: me sentí como un ser invisible del que no se le esperaba sentimiento alguno, como si la decisión no hiriera a nadie. Y allí estaba yo, escuchando que, en breve, estaría en la cola del paro.

¿Te has dado cuenta que todo está relacionado con el tiempo laboral? ¡Curioso!

 

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